PERRO TUERTO
Con el tiempo, me fui volviendo tan adicto al cigarrillo como al llanto. Constantemente busco una excusa en mi interior como para seguir fumando…, o seguir llorando. Un perro tuerto pasa y me mira desde su lanuda altura examinándome de palmo a palmo. Me escruta curiosamente pero sin darme demasiada importancia. ¿Llorarán los tuertos la mitad de sus penas?. Me tapo un ojo con una de mis manos mientras el perro se acerca y se mulle sobre mis pies fríos. Ahora, entre los dos, lloramos una pena entera.

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