LA ESPALDA MAS HERMOSA
Siempre pasa a éstas horas de la noche. No sé de donde viene. Lo que si sé es que, indefectiblemente, se introduce en la casa que está justo frente al bar.
Conozco todos sus movimientos. Lleva el llavero en la mano. Algo pende de el pero nunca alcancé a ver lo que es. Introduce la llave en la cerradura suavemente, como si temiera lastimar la abertura y, luego de dar dos vueltas, abre la puerta y se sumerge en la profundidad de la casa.
No sé si vive sola. Hace meses que la observo pero jamás vi que llegara con acompañante alguno.
Suele tener el cabello castaño. Digo suele porque cierta vez se había teñido de rubio, aunque igual la reconocí. El largo del pelo es siempre el mismo.
Nunca ví su rostro. A pesar que sé, exactamente, el horario en que pasa, jamás acerté a mirar en el momento justo hacia la dirección de donde viene. No sé si será un presagio de algo.
Quién

puede enamorarse de una espalda?. Yo lo hice.
A veces sueño con ella retrocediendo hasta mi. La tomo de los hombros y beso sus pecas, acaricio su cintura y me aprieto fuerte contra su cuerpo.
Cierta vez, caminando por la avenida peatonal, pude advertir que ella iba delante de mí.
Excitado, la seguí un par de cuadras cuando, en una bocacalle, un colectivo interceptó mi marcha mientras ella seguía su curso ignorante de mi persecución. Desesperado, traté de cruzar la calzada entre los autos que seguían la caravana, pero un bocinazo me hizo retroceder. Cuando, por fin, pude atravesar la calle, ella ya no estaba. Caminé aceleradamente por una, dos, tres cuadras, me detuve en las esquinas, escruté, varias veces, hacia ambos lados en cada una de ellas. Entré en las galerías. Nada. Había desaparecido. Quizás había retomado el camino. Quizás había regresado y pasado a mi lado sin que yo pudiera darme cuenta que era ella. Tal vez, hasta chocaron nuestros cuerpos y nos pedimos disculpas, o no. Y cuando, en el medio de ese enjambre de gentes que iban y venían por la calle, estuvimos mas cerca, fue cuando mas lejos estuvimos.